Turismo

La Ciudad Perdida de la Beturia Céltica

Comenzamos el año 2020 con una visita que confesamos que hacía bastante tiempo que queríamos hacer. Entre los numerosos yacimientos arqueológicos que tenemos la suerte de poseer en Extremadura, uno de los más interesantes y poco conocidos es el de Castro Capote o Castrejón de Capote.

 

 

Enclavado en el término municipal de Higuera la Real justo donde el río Álamo se une con el Sillo, en un paraje de gran belleza y valor natural, se eleva un cerro alargado cuya superficie plana favorece el asentamiento de un núcleo de población. Son las estribaciones de Sierra Morena y también el límite del Parque Natural de las Sierras de Aracena y Picos de Aroche. Y así debió ocurrir desde el Calcolítico porque, además del valor estratégico y defensivo que la altura le confería, estaban las bondades de los caudales de agua que, además de actuar como barrera natural, proveían de agua a los habitantes del cerro, proporcionándoles una gran calidad de vida en aquéllos tiempos remotos.

 

 

Con los años se consolida la ocupación del promontorio y ya en la II Edad del Hierro se construyen los restos que pueden visitarse que propiciaron una ocupación entre los siglos V-IV antes de la era actual hasta el siglo I de nuestra era, y que se corresponden con un castro, muy protegido por un buen sistema de murallas y organizado en su interior en calles con viviendas, edificios religiosos, talleres metalúrgicos, hornos, molinos …

 

 

En definitiva, una ciudad cuya ocupación se ha mantenido desde el Calcolítico hasta la dominación romana, siendo abandonada en algún momento de una forma un tanto incierta ya que se ha encontrado un interesante conjunto de piezas del siglo I de la era actual, compuesto de estatuillas para culto, lucernas y otros útiles domésticos que fueron intencionada y extrañamente quemados y enterrados junto a una de las torres de la puerta de acceso al castro aproximadamente 150 años después del abandono de este.

 

 

Cuenta con un Centro de Interpretación que aconsejamos visitar antes que el yacimiento y con otras curiosidades, como algunos molinos de rodezno y varias zahurdas y chozos que cuentan con varios siglos de antigüedad. Por cierto, si lo visitáis con niños, no querrán bajar del puente colgante. Les va a encantar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Para saber más, os recomendamos leer "El asentamiento céltico del Castrejón de Capote", de D. Luis Berrocal Rangel, Catedrático de Prehistoria del Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad Autónoma de Madrid.

 

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