Turismo

Vivir entre rocas

Llegué hace poco a Monsanto. Era media tarde y llevaba la tarea de subir al Castillo y fotografiarlo para un encargo que había recibido. Había caído un chaparrón interesante durante aquélla jornada en la que había recorrido lugares preciosos, algunos de ellos desconocidos para mí como era Idanha-a-Velha y ahora Monsanto, donde acababa de poner los pies en la tierra.

 

 

Pero aquello no duró mucho. Me refiero al sentido figurado de poner los pies en la tierra porque, adoptar posición erguida y hacer un giro de 360 grados para ver lo que tenía alrededor, me trasladó a un estado de encantamiento propio del mejor de los sueños.

 

 

Me habían recomendado en multitud de ocasiones visitar esta aldea, la aldea más portuguesa de Portugal, según le otorga el título que recibió en 1938 al que se unió el de Aldea Histórica en 1995. Razones para ello no faltan.

 

 

Supongo que allá por el Paleolítico, cuando el homo empezaba a ser Erectus, eligió este enclave para vivir buscando la protección que dan las alturas. Asimismo la profusión de bolos graníticos y el amontonamiento de estos, otorgarían ciertas condiciones de protección y habitabilidad que no se daban en otras zonas. Es como si a un gigante se le hubiese roto la bolsa de canicas, también gigantes, sobre una montaña y ahí hubieran quedado caprichosamente desparramadas y solapadas unas con otras. La simbiosis entre lo natural y lo que la mano del hombre ha hecho a lo largo de los siglos es un espectáculo digno de conocer, casi sobrenatural.

 

 

Realicé el registro en el Geo·Hotel Escola (recomendable 1000x100) junto a la Iglesia Matriz, con rapidez para soltar el equipaje y salir como una liebre monte arriba con mi cámara. Por el camino que elegí para subir (hay varios y creo que escogí el largo) ya pude disfrutar de sus casas acomodadas entre/bajo/sobre/al lado de las rocas. De ahí hasta el alto del Castillo todo resultó sorprendente, fascinante, admirable, asombroso, extraordinario, pasmoso, creíble, impresionante…

 

 

Os daré algunos datos sobre el lugar: El castillo, del siglo XII, está a 758 metros de altitud sobre el nivel del mar y la población a unos 650 más o menos, cuesta arriba o cuesta abajo. El pueblo en sí parece estar construido en roca, y no solo lo parece. Donde la roca no se adapta para servir como suelo, muro o techo se construye con sillares del mismo granito. Además del Paleolítico, aquí estuvieron los lusitanos (cuentan que Viriato aguantó en estas montañas un asedio de siete años), romanos, visigodos y árabes. En algún momento de la historia se le dio el nombre de Mons Sanctus (Monte Santo). Fue enclave importante en la defensa contra el Reino de León en el siglo XII. En cuanto al castillo, este está construido aprovechando las rocas graníticas y cuenta con un importante recinto amurallado fuera del cual aprovechamos para ver la Capilla de San Miguel del Castillo, románica, y las tumbas excavadas en la roca según la costumbre de época visigoda. En el interior de la fortaleza y en pleno corazón de ella, otra capilla, la de Santa María del Castillo que preside un imponente patio de arma extrañamente vaciado de edificaciones. La explosión de un polvorín en el siglo XIX dando al traste con todo lo que no eran murallas lo clarifica todo.

 

 

En lo alto de la Torre de Lucano está el Gallo de Plata. La torre es un campanario erigido en el siglo XV con utilidad defensiva y, junto con el gallo que la corona, es la imagen más icónica de la población. Debe su nombre a la inscripción que reza próxima a su puerta “1420 FEZ ESTA OBRA LVCANO”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A los que hayáis llegado hasta aquí, os pido disculpas por no ser fotográficamente más conciso. Me cuesta mucho seleccionar pocas fotos para mostrar cómo es Monsanto. El castillo lo dejo sin publicar por la maldad de mantener la intriga y el incentivo para la visita. Os prometo que la recompensa de subir es altísima, mucho más que la cima.

 

O Cabeço do Monsanto me ha impresionado. Estoy seguro de que no va a dejar indiferente a nadie que decida ir a conocerlo. Un último consejo, si lo haces, no te marches sin comprar una Marafona, la típica muñeca local de trapo protectora del hogar y los campos. Simboliza la diosa de la fecundidad y, según la leyenda, no tiene ojos ni boca para no ver ni hablar acerca de lo que pasa en la cama la noche bodas ya que, a modo de ritual, se coloca bajo la almohada de los novios. 

 

Por último, para tomar referencias en el mapa, Monsanto está más o menos a la altura de Plasencia, desde la que podréis llegar sin gran dificultad. Podéis hacer click aquí para planificar con Google Maps el trayecto desde vuestro origen hasta Monsanto.