Texto y fotografías de: Diego J. Casillas Torres / ADEME
18 March 2026 | Fuente: www.miextremadura.com
- Yo no sabía que esto era así… ni siquiera lo había imaginado porque, de hecho, nunca había estado aquí, confieso, señor Alcalde.
El día que le conté las impresiones de mi viaje a Francisco Javier Sánchez Vega, orgulloso alcalde de Serradilla, éste sonreía con una mezcla de astucia y disimulo junto con cierto aire de superioridad que le daba el saberse poseedor de algo único, exclusivo e inimitable, como si su pueblo fuese un Rolls-Royce La Rose Noire Droptail. Y francamente, no lo es. Es mejor aún.
Continué contándole al alcalde mis impresiones. Cómo llegué bordeando los riberos del Tajo, la de veces que tuve que parar para sacar una fotografía, la sorpresa de las fuentes, del pueblo, del la lengua serradillana y lo último, descubrir un paisaje como el de la Garganta del Fraile. Todo está envuelto en un halo de misterio en el que se mezclan los lobos, animales casi mitológicos, con los bandoleros y estos a su vez con corpulentas señoras serranas capaces de aventarle un sopapo a uno de esos lobos y quedarse tan pancha. Si añadimos lo de los tesoros, alimentado por el que se encontró dentro de una vasija en un olivar y hoy expuesto en Cáceres, y también los milagros del Cristo...

Así me doy cuenta de que Serradilla, la villa de los cuatro lobos, es territorio abonado para la imaginación pero… ¿es todo fantástico o no?. Quiero decir que quizá lo que consideramos fantasía no lo es tanto porque se ve influenciada por elementos físicos y tangibles como un árbol, un animal… Es posible que algo tenga de real toda esta sarta de historias y fábulas propias de una noche de hoguera. Y es que una de las cosas que más me llamó la atención de Serradilla fue el agua tan presente no solo en ríos y charcas, sino en todo el paisaje. Baja de la sierra, recorre los caminos empedrados que rodean el pueblo y alimenta sus fuentes. El agua está considerada como un puente fundamental entre lo material y lo espiritual, lo sagrado y lo fantástico. El agua limpia y purifica, da vida y también mata, destruye y transforma a la vez y eso la convierte en un elemento universal en todas las religiones, mitos y leyendas.

Con algo menos de mil quinientas almas, Serradilla, para los menos viajados por estos lares, se encuentra en pleno Parque Natural de Monfragüe, a 18 kilómetros de la A66 entre Plasencia y Cáceres, a 59 de Cáceres por la EX-390 (itinerario recomendado con calma para disfrutarlo) y a 45 km de Jaraicejo, al pie de la A5. Cuenta con la conocida pedanía de Villarreal de San Carlos, pertenece a la Reserva de la Biosfera de Monfragüe y cuenta con el mejor sendero natural homologado de España (2022) del que te hablaré luego porque forma parte de esta excursión que te propongo.

He conseguido estacionar en la Plaza de la Constitución, junto al Ayuntamiento. Es lunes, por la mañana, y el ir y venir de l@s paisan@s atravesando la plaza transmite una sensación agradable, como de vuelta a la vida después de un letargo, el del fin de semana. Apilo cámaras y mochila en la grada del Rollo Jurisdiccional para colocármelos y después comienzo a caminar con la intención de recorrer el pueblo pero, en este relato solo me detendré en las fuentes. A pocos metros de la Plaza, en la Calle del Palacio, me encuentro con la primera fuente que a falta de nombre bautizo como Fuente de la Calle del Palacio.

Esperaba encontrar una fuente tradicional, con su pilar y un grifo o un caño… En su lugar encontré una fuente cerrada con aire de morabito que me rompió la imagen preconcebida.

Poco más arriba, llego a la la Fuente de los Grifos y allí espero a José María, amigo nativo, un tipo curioso, una enciclopedia natural andante que lo mismo te talla un hacha bifaz con dos cantos rodados o te saca el tendón de una pata de ciervo y te hace un arco perfectamente funcional o te dice que tengas cuidado que eso que está junto a la fuente no es perejil, sino cicuta. Su compañía en el periplo fontanil es valiosísima para conocer el resto de fuentes que hay en el entorno de Serradilla.

Me cuenta que esta fuente, la de los grifos, fue construida por el Ayuntamiento en 1947. El punto, como casi todos en los que se sitúan las fuentes, es estratégico por su marcado valor social y utilidad vital para los habitantes de la villa.

Mientras nos vamos poniendo al día, porque hace mucho que no nos vemos José María y yo, caminamos por un sendero hasta la Fuente de Las Huertas. El nombre no es caprichoso, ni original tampoco, porque se encuentra rodeada de huertas repletas de naranjos y limoneros, granados, higueras… que me recuerdan a las huertas moriscas de Hornachos.

La fuente es de planta cuadrangular y cuenta con una cubierta tipo cúpula semiesférica, del estilo de los morabitos. Es posible que tenga origen árabe aunque fue reformada en 1907. Su interior cuenta con una poza de 5 metros de profundidad y su exterior hacia la calleja de las Huertas está empedrado.

Y andando, andando, nos vamos hacia la Fuente Nueva, datada en 1894. Es otra de las fuentes que abastecía del agua a la villa, hoy en desuso, y también es de base cuadrada.

Está ejecutada en lo que se conoce como piedra seca, es decir, no tiene cemento ni mortero alguno que una las piedras. Esta técnica era usada para filtrar bien el agua de los manantiales. El exterior es de Pizarra y ladrillo.

Solo nos queda una más, la Fuente del Capillo, a la que llegamos por un camino empedrado. Esta es la primera fuente de la que se tiene noticia y que abasteció de agua a Serradilla. Hay constancia de su origen romano aunque por más que busco una datación no la encuentro por ningún lugar.

Junto a ella hay un merendero que promete feliz y apacible descanso entre tapias de huertas y olivares, con croar de ranas y cantos de pajarillos. Su nombre delata el elemento diferenciador con respecto a las demás fuentes, un capillo cuadrado a modo de capucha de fraile o antiguo gorro de bebé, que distorsiona frente a las cúpulas semiesféricas de las demás fuentes.

Tras despedir a mi amigo serraillanu pongo pies hacia el inicio de la Ruta Garganta del Fraile (SL-CC-44) considerada, como dije antes como el mejor sendero homologado de España en 2022.

El camino arranca tras el cementerio de Serradilla y traza un bonito camino de 3,7 km hasta la Portilla del Fraile. Está bien señalizado y el paisaje se presta a ser disfrutado, a hacer paradas no por cansancio porque las pendientes sean acusadas, que no lo son, sino por esa necesidad vital y espiritual de llenar los ojos de azul del cielo y de verde de hoja de árbol, de brizna de hierba y de verde vida.

Sobre mi cabeza, constantemente, buitres. En Monfragüe los buitres son como los vencejos de primavera en Alange: están siempre.

Ya, en la Garganta del Fraile, veo como una cascada de agua desciende desde un cortado rebosando de una roca en otra hasta llegar a mis pies. Se agradece encontrar un merendero en el que sentarse a contemplar mientras bebo un poco de agua.

El soniquete del agua es reconfortante y junto con el sonido de los pájaros compone una preciosa banda sonora única y propia de este lugar y este momento.

Tras el descanso, la observación y lo sentido en los minutos que me he dedicado simplemente a estar y dejarme arropar por el entorno, le echo algo de ganas para subir la cuesta hasta el mirador de la Portilla y continuar hasta Serradilla componiendo así una ruta circular. A lo lejos, el Castillo de Monfragüe vigilante y por el camino, un viejo molino, la puente… y un paisaje que creo que tardaré en olvidar toda una vida.



Y para que no te pierdas, te dejo pantallazo de Google Maps de este sendero, que también puedes consultar en este enlace.

Soñar es gratis. Viajar con mis reportajes también. Puede que haya circunstancias que te impidan viajar o ir a ciertos lugares, una enfermedad, un problema físico o incluso económico. En este caso te invito a que sueñes siempre, y aproveches mis reportajes para viajar.
Si por el contrario no tienes impedimento, no te pierdas rincones como este. Quien sabe, el día menos pensado nos encontramos en una peña, por un camino, junto a un castillo...


